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miércoles, 7 de enero de 2015


Un día triste para los que entendemos que el mundo tiene que cambiar (mucho).



jueves, 1 de enero de 2015








Podemos: A la conquista
de la “hegemonía” política


Jacobo Rivero (Publicado en el nº 20 – Diciembre 2014)


“Esto es un punto de partida. Vamos a construir el partido más democrático, transparente y capaz de la historia de nuestro país”, señalaba el pasado 27 de octubre Carolina Bescansa en rueda de prensa, tras conocerse los resultados de la votación sobre el modelo organizativo que adoptaba Podemos tras el congreso de Vistalegre. Era el resultado de una especie de primarias no declaradas entre -fundamentalmente- dos formas de entender la organización, la que proponía el equipo de Pablo Iglesias, articulada alrededor del documento Claro que Podemos, y la que encabezaban los también eurodiputados Pablo Echenique y Teresa Rodríguez al frente de Sumando Podemos. Dos formas distintas de entender Podemos y sus perspectivas de futuro. El equipo de Iglesias arrasaba con un 80,71% de votos en una votación en la que participaron 112.070 ciudadanos. Unas cifras impresionantes si se tiene en cuenta que, por ejemplo, en las primarias del PSOE del año 2000, en las que se votó entre José Luis Rodríguez Zapatero, José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez para secretario general, participaron algo menos de mil militantes socialistas. Entonces, Zapatero ganó a Bono por tan solo once votos. Los tiempos han cambiado y una de las diferencias sustanciales de Podemos frente a otros partidos es que todos sus procesos los han abierto a la participación ciudadana por encima de los propios militantes, estructuras regionales o aparatos de partido. Como han señalado muchas veces, es “la gente” la que decide, y en esa lógica, el tirón mediático de Pablo Iglesias es evidente. 


Nadie duda dentro de Podemos, ni tan siquiera el sector crítico, que la presencia de Pablo Iglesias al frente del proyecto es un elemento fundamental. En ese tirón social y mediático confiaban los miembros de Claro que Podemos para ganar el debate de las ideas que se abrió en la asamblea constituyente. Lo comentaba poco antes de conocerse los resultados un miembro del equipo de Pablo Iglesias: “Sabemos que si participa mucha gente, más allá de los propios círculos, nuestra propuesta va a ganar sin problemas”. Así fue, con la elección indiscutible de la propuesta de Iglesias, Podemos iniciaba un nuevo tiempo político. De esta manera lo advirtió el propio líder el primer día de encuentro en Vistalegre ante miles de seguidores: “Ya no somos un movimiento ciudadano, somos una fuerza política”, de alguna forma, en Vistalegre nacía una nueva versión de Podemos. Para Teresa Rodríguez, europarlamentaria de Podemos y militante de Izquierda Anticapitalista (organización que esta en proceso de refundación tras prohibirse el acceso a órganos de dirección a sus militantes): “Lo que había de fondo en el debate era la discusión entre dos posturas, una que pensaba que lo que hacía falta ahora era una maquinaria electoral fuerte, centralizada y capaz de hacer frente al próximo ciclo electoral, y otra que piensa que es necesario abrir procesos de empoderamiento por abajo que sean garantía de un cambio político y social que acompañen al cambio electoral. Era un debate razonable y sensato”. Y añade: “Sin duda la inmensa mayoría de la gente que ha participado piensa que lo que toca es lo primero. Lo cual no quita que el debate sobre la democracia interna y la participación sigan estando vigentes. Como dijo Juan Carlos Monedero: 'No hay nada que haya quedado grabado en piedra', así que seguiremos abriendo camino al andar”.





martes, 30 de diciembre de 2014

 

(publico en tintaLibre en el número de Enero):

 

“A pesar de la irrupción de Internet y de las redes sociales, la televisión sigue siendo el medio favorito de los españoles para informarse, entretenerse y disfrutar del cine o de las series. Un reportaje de Mariola Cubells (La televisión sigue al mando) y artículos de Alicia G. Montano (Oscuro objeto de deseo) y Jesús Mari Santos (Esta caja, de tonta, ni un pelo) ofrecen al lector de tintaLibre una radiografía del poder del medio televisivo ahora y aquí. La ilustración de portada es obra del dibujante Leandro Barea. El bloque de medios de comunicación se completa con un reportaje sobre la tasa Google en Europa a cargo del periodista Carlos Carabaña (Poner coto al gigante de Google) y un retrato del creador de Wikileaks, titulado Julian Assange y la nueva Inquisición, firmado por Jacobo Rivero”.
 

(ver reseña completa en infoLibre)

 

domingo, 26 de octubre de 2014


Manuel Jabois habla del Libro
'Conversación con Pablo Iglesias'


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El periodista Jacobo Rivero ha publicado en Turpial (va por la tercera edición) una larga conversación con Pablo Iglesias. No es una entrevista sino una charla entre dos tipos que se conocen. Por eso en la relajación aflora de repente una inteligencia inaudita, un poso mayor que la puntería verbal que exige un periodista. Yo pienso que en estas conversaciones no hay que exigirle al protagonista la idea en las primeras líneas: puede dar varios palos de ciego y ponerse a rodear conceptos antes de encontrar en su propio discurso lo que quiere decir. La gente que tiene menos de 40 años y las ideas claras inspira un poco de sospecha: o se preparan para un giro o salieron aprendidos de casa. Iglesias no tiene las ideas claras del todo y es de agradecer. Hace años cambió una percepción peligrosa que tenía sobre la gente sin formación ni afición a la lectura: era, dijo en The Objective, por culpa de su «estupidez y esnobismo». Hay notas, apuntes e ideas suficientes para abordar al personaje con un criterio mínimo. Una de las ventajas de Pablo Iglesias es que sus detractores son incapaces de interesarse por él. Otra, aún mayor, es que entre los detractores más gritones hay mayoría de periodistas, o sea que jamás se documentarán lo más mínimo. 
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sábado, 9 de agosto de 2014

 LIBROS / RÉPLICA DE JACOBO RIVERO A SANTOS JULIÁ
Podemos, una nueva forma de hacer política

Jacobo Rivero
El movimiento de Pablo Iglesias genera visiones encontradas. Una respuesta a quienes lo relacionan con los totalitarismos.

Es cierto que gente no es clase obrera, ni pueblo. Gente es otra cosa; es un nuevo sujeto colectivo, al que, si mantiene el espíritu de comunidad ilusionada y se empodera, pertenece el futuro. "El mañana es nuestro", concluyó Iglesias en su primera soflama en el Parlamento Europeo. Y no es posible, al oírlo, que no venga a la memoria el recuerdo de aquel hermoso muchacho alemán, de pie sobre una mesa, cantado transido de emoción Tomorrow belongs to me, señala Santos Juliá en su reseña sobre los libros Curso urgente de política para gente decente (Juan Carlos Monedero, Seix Barral, 2013) y Conversación con Pablo Iglesias (Jacobo Rivero, Ediciones Turpial, 2014). La imagen estremece si pensamos en Pablo Iglesias como la encarnación actualizada de ese chaval de raza aria que anuncia en la deliciosa, e inquietante, película Cabaret el exterminio futuro de millones de personas. La comparación no es nueva, ya existe cierto runrún mediático alrededor de esa visión del fenómeno Podemos, con sinergias que apuntan a los nazis, las checas, la ultraderecha lepeniana, los camicie nerede Mussolini e incluso Pol Pot y los jemeres rojos. 

Podemos Uvieu
El significante "gente" produce imágenes de horror si se vincula a episodios de la historia pasada, especialmente del siglo XX, en el que se han utilizado los genéricos más inclusivos para alentar a las masas —sean pueblo, nación o clase obrera—, para luego pasar a cuchillo a los disidentes de las vanguardias. En Cabaret, el Kit Kat Club y la transformación de su aforo según van creciendo los camisas pardas es el perfecto ejemplo de este tipo de derivas totalitarias en la sociedad. Sin embargo, las comparaciones son engañosas. Lógicamente, la historia es un elemento fundamental para la reflexión alrededor de los procesos, nuevos o viejos, pero equiparar situaciones tiene cierto grado de perversión argumental. Mucho más cuando la referencia a "la gente", como sujeto político, abarrota las hemerotecas de los partidos políticos, sea para hablar de bajadas de impuestos o de fútbol.
Lo que uno intuye en algunos artículos y tertulias cuando se habla de Pablo Iglesias es la voluntad maniquea de generar un miedo que paralice un posible proceso de cambio. Algo que en los tiempos que vivimos no debería ser únicamente objetivo de Podemos.

viernes, 8 de agosto de 2014


Santos Juliá reflexiona acerca de Podemos y cita el libro 'Conversación con Pablo Iglesias'


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La gente, tal es el nombre del nuevo sujeto político que llena con su presencia dos conversaciones mantenidas por Jacobo Rivero con Pablo Iglesias. Aunque, bien mirado, esto no es conversar, esto es plantear una serie de preguntas bien ordenadas para que el líder de Podemos se explaye a gusto, sin jamás ser repreguntado, sin que su entrevistador le ponga nunca en dificultades ni insinúe la más mínima objeción a sus relatos. Y si las preguntas están preparadas con esmero, y con un excelente aparato de citas y referencias, las respuestas dan la impresión de haber sido revisadas antes de darlas a la imprenta. Estamos, pues, ante el auténtico pensamiento del primer responsable del fenómeno político más resonante de los últimos años: Podemos.
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domingo, 13 de julio de 2014

 El bueno de Jean Paul Iglesias


cartas de un arponero ingenuo
pedro j. ramírez
13/07/2014

Me rindo: yo también opinaré hoy sobre Podemos.
Y es que no puedo dejar de darme por aludido cuando en el revelador pasaje de su libro en el que reclama «mecanismos de control público» en los medios de comunicación, Pablo Iglesias invoca, para echar su cuarto a espadas, lo que «ha pasado recientemente en un periódico de tirada nacional» y lo que «el ex director ha reconocido o sugerido».
Y no puedo dejar de hacerlo cuando precisamente mañana se cumple un año de la portada que en cualquier democracia hubiera puesto fin a la presidencia de Rajoy (aquel «Luis, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré» tecleado desde la Moncloa a las 48 horas de que se descubriera el botín de Bárcenas en Suiza) y en la España partitocrática lo único que desencadenó fue mi propia destitución.
Debo reconocer además que mi diagnóstico de lo sucedido –y de lo que puede suceder– con el que inauguré el curso de El Escorial dedicado a los 25 años de nuestro periódico corrobora algunas de las premisas del líder de Podemos. Por ejemplo que «la gestión de la información no puede depender únicamente de hombres de negocios y de su voluntad por permitir la libertad de expresión». Por ejemplo que «si el derecho a la información es un derecho democrático, la concentración de la propiedad es incompatible con ese derecho». O por ejemplo que «si todos los medios están en manos de la Coca-Cola –o de una teleco vía convenios publicitarios o de un banco que entra en el accionariado de un grupo y coloca al presidente del otro– es difícil que se hable de si hay una mosca muerta dentro de una botella».


(continuar carta de Pedro J. Ramirez en El Mundo)

 

sábado, 22 de febrero de 2014


¿Los tiempos están cambiando?
 A los Juegos Olímpicos de Sochi también llegó la voluntad ciudadana de transformar el estado presente de las cosas


 Jacobo Rivero

El 18 de noviembre de 1933, en el hotel William Penn, en el centro de la ciudad estadounidense de Pittsburg se celebró la 45ª convención anual de la Amateur Athletic Union (AAU), la principal asociación deportiva del país. El punto principal del encuentro era decidir si se acudía a la cita olímpica de Berlín 1936 o si, por el contrario, se realizaba un boicot a la convocatoria, tal y como pedía parte de la opinión pública. Avery Brundage era el presidente del Comité Olímpico de Estados Unidos y en esa reunión advirtió que “los pilares básicos del renacimiento olímpico moderno se verán debilitados si se permite a los países individuales restringir la participación por motivos de clase, credo o raza”. La voluntad de la mayoría de los presentes —como habían solicitado numerosas asociaciones judías— fue la de secundar el boicot, pero se decidió que antes una delegación de la AAU viajaría hasta Alemania para conocer de primera mano las circunstancias que allí se estaban produciendo.

Brundage encabezó la delegación. A su regreso, el dirigente deportivo señaló que los judíos estaban siendo tratados de “manera justa”, que “los juegos pertenecen a los atletas y no a los políticos” y que los deportistas estadounidenses no debían inmiscuirse en el “altercado judío-nazi”. De esta forma Avery Brundage consiguió que Estados Unidos participara en aquella cita olímpica que se había organizado para mayor gloria de Adolf Hitler y el partido nazi. Como agradecimiento a su buena voluntad, la compañía de Brundage logró el contrato para la construcción de la nueva embajada de Alemania en Washington. Para que no todo fueran palmaditas en la espalda sin disimulo, el aparato de seguridad nazi (la Gestapo) decidió, por órdenes de Goebbels, levantar la mano sobre algunas de sus políticas durante los días de celebración de los Juegos Olímpicos, por ejemplo, excluyendo a los visitantes extranjeros de las penas judiciales contra la homosexualidad.