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domingo, 28 de junio de 2015



 Jacobo Rivero :
 "Podemos necesita abrirse  a lo social, no a una suma de siglas"

Periodista y autor de 'Podemos. Objetivo: Asaltar los cielos'


 Se define como un “observador interesado”, pero lo cierto es que Jacobo Rivero parece algo más que eso. Al menos así lo demuestran las casi 300 páginas de su último libro, 'Podemos. Objetivo: asaltar los cielos' (Planeta, 2015), un recorrido que desgrana los orígenes de la formación política liderada por Pablo Iglesias y la evolución de los movimientos sociales y la izquierda en España y Latinoa­mérica, tomando como punto de partida la caída del Muro de Berlín.
El libro cuenta con una vasta bibliografía, pero, ¿cuánto hay de conversaciones de pasillo y de cañas en los bares?
Creo que este libro es la biografía de una generación en la que yo, de alguna manera, también he estado implicado. Es la generación que empieza a moverse alrededor del movimiento antiglobalización y que recoge las aspiraciones del zapatismo, de una nueva forma de intervenir en lo social. Aunque el objetivo es contextualizar cómo hemos llegado hasta aquí y cómo se puede entender Podemos, es un recorrido sobre ese tiempo. Hay mucho de cañas y pasillos en el sentido de que hay mucho de experiencias compartidas. Lo interesante del momento que vivimos es que Ada Colau, como Pa­blo Iglesias o Alexis Tsipras, pertenecían al movimiento antiglobalización, las luchas de los centros sociales o las reflexiones surgidas del ‘pensar global, actuar local’.




jueves, 5 de febrero de 2015

Un Tiempo Supremo


Los Beatles reventaban el número uno de las listas, BobDylan constataba el fin de una era y Coltrane... Coltrane grababa su suite inmortal.

JACOBO RIVERO
En febrero de 1964, The Beatles ocupó por primera vez el número uno de las listas discográficas estadounidenses con la canción I Want to Hold Your Hand. Una canción de amor que gravitaba con los sentimientos y las emociones de las primeras etapas de ñoñería y
suspiros. Las radios emitían la canción y las muchachas blancas se tiraban de los pelos frente
al tocadiscos y las fiestas de fin de curso, para desesperación de algunos padres que, sentados en susmecedoras, esperaban la hora de regreso al hogar de susmuchachas. Un rato antes de sentarse en el porche, con liviana preocupación familiar, el matrimonio había visto las  noticias con cierta incredulidad.


nº 48 de la revista Enlace Funk
En Estados Unidos las pantallas emitían signos inequívocos de que los tiempos estaban cambiando, no sólo porque Bob Dylan lo hubiera cantado un año antes. Todo el país estaba en situación de emergencia. El sueño americano había virado el rumbo, los protagonismos sociales se alejaban de los estereotipos de la familia feliz, anglosajona y anticomunista por naturaleza. El propio Dylan, lo confirmaba pocomás tarde: “The Times They Are a Changin’ no es una declaración... es un sentimiento”. El que quisiera ver en aquella letra una canción protesta estaba algo desencaminado; era, también, una constatación de los hechos. Para colmo de males de las élites, las mareas eran imparables.
En los suburbios y en los alrededores de las plantaciones había pitote una noche sí y otra también. Por un tiempo, se detuvo el ciclo de las estaciones, sólo había calor, y era abrasivo. Malcolm X protagonizaba discursos y polémicas.El 12 de abril hizo público su discurso Los  votos o las balas: “La conciencia de Estados Unidos está en quiebra. Hacemucho,mucho tiempo que perdió toda conciencia. El tío Sam no tiene conciencia. Ellos no saben lo que es moral”. A las familiasque esperabanenelporche y sonreían en los anuncios de Coca-Cola se les hizo un nudo en la garganta.






lunes, 24 de noviembre de 2014


 Los hipsters y las músicas de Podemos - Jacobo Rivero - Artículo en Diagonal

Trabajo de Quetzal Hernandez
Hace años la policía solía identificar a gente por las pintas. Era algo habitual: jóvenes de estética punk, heavy o hippy podían ser puestos contra la pared y cacheados. El trato habitualmente era degradante, al fin y al cabo esos jóvenes a los ojos de la autoridad eran “marginados”, “pasotas” o “drogatas”. El paradigma de entonces a la hora de habitar las calles y sus conflictos cotidianos ha cambiado. De los sujetos antisociales no queda apenas ninguna subcultura, aquello que se decía en Malas Calles de Scorsese de “los pecados no se redimen en la Iglesia, se redimen en las calles” suena, en lo que se refiere a bandas estéticas, a prehistoria suburbial. No se atisban en el horizonte peleas entre mods y rockers, y pocos se acuerdan de La banda del francés que aterrorizó Malasaña en la segunda mitad de los ochenta. Hoy, los chavales de diente partido habitan escenas como el hip hop y los chavs son sospechosos por la esquina que ocupan en el barrio, no por su indumentaria. El actual pintas podría ser directivo de una multinacional.



martes, 12 de agosto de 2014



 


Podemos: la gente y el tiempo

Jacobo Rivero


Señala Santos Juliá en su reseña sobre los libros Curso urgente de política para gente decente (Juan Carlos Monedero, Seix Barral, 2013) y Conversación con Pablo Iglesias (Jacobo Rivero, Ediciones Turpial, 2014) al hilo del lenguaje político y comunicativo de Podemos: “Es cierto que gente no es clase obrera ni pueblo. Gente es otra cosa; es un nuevo sujeto colectivo, al que, si mantiene el espíritu de comunidad ilusionada y se empodera, pertenece el futuro. ‘El mañana es nuestro’, concluyó Iglesias en su primera soflama en el Parlamento Europeo. Y no es posible, al oírlo, que no venga a la memoria el recuerdo de aquel hermoso muchacho alemán, de pie sobre una mesa, cantando transido de emoción Tomorrow belongs to me”. La imagen estremece si pensamos en Pablo Iglesias como la encarnación actualizada de ese chaval de raza aria que anuncia en la deliciosa e inquietante película Cabaret el exterminio futuro de millones de personas. La comparación no es nueva, existe cierto runrún mediático alrededor de esa visión del fenómeno Podemos con sinergias que apuntan a los nazis, las checas, la ultraderecha lepeniana, los camicie nere de Mussolini, los motorizados venezolanos e incluso Pol Pot y los jemeres rojos.



 



miércoles, 30 de julio de 2014

  
Pensar en Madrid 
Ángel Luis Lara, Nacho Murgui, Jacobo Rivero  (sociólogo, participante en el movimiento vecinal y periodista respectivamente).


Los resultados del 25M han cambiado muchas perspectivas entre ‘las gentes de izquierdas’ que andaban ­dando vueltas a la cuestión de la gobernabilidad. Quizá una de las más interesantes sea que para ‘ganar’ hacen falta muchas dosis de generosidad, de trabajo riguroso y de auda­cia. Cuestiones que no parecían ­estar entre las prioridades de buena parte de las iniciativas que desde hace un tiempo gravitaban en torno a lo que podríamos llamar la ‘cuestión electoral’. Muy al contrario, la sensación que algunos teníamos es que, en la construcción de un posible cuerpo común, cada uno quería salir mejor que el de al lado en la fotografía. Cuestiones de ego aparte, lo cierto es que así era imposible ­llegar a algo que no fuera ocupar el lugar simbólico de opositor recurrente.
Pero la ilusión difusa por las perspectivas de futuro que se abren tras los resultados de Podemos en el 25M, también de IU y de Primavera Euro­pea, así como los porcentajes que ­señalan algunas encuestas para convocatorias futuras, han movido el tablero institucional, también dentro de las filas de las propuestas electoralistas más apegadas a la calle. Más allá de la fotografía final y la colocación de siglas y puestos, parece que la centralidad del debate debería ser –o eso creemos nosotros– el proyecto que se quiere proponer a la ciudadanía. Cuestión que no es menor, al contrario, es indispensable para transformar el sumidero al que nos ha arrastrado el Partido Popular en sus casi 30 años de gobierno en Ma­drid, dando vida entre todos a la posibilidad de construir una ciudad viva, dinámica, ecológica, sugerente, abierta y activa. Dicho esto sin colorantes ni edulcorantes, tampoco con mochilas cargadas de ideología.
Pero también será importante hablar de dónde se colocan los movimientos sociales respecto a estas propuestas, por eso de no repetir sinfonías conocidas de clientelismo y aniquilación del tejido reivindicativo. Parece probable que en Madrid, como en Barcelona, surja una iniciativa que pueda, desde la movilización democrática y desde las urnas, favorecer un cambio político. Parece también que hay sinergias para que los distintos actores políticos no pongan como prioridad llegar el primero sino llegar juntos. Suena como posible, y creíble, que la generosidad y el respeto sean los elementos que presidan esas iniciativas, que el común se imponga sobre las particularidades de cada familia, grupo y tribu. Se escuchan con fuerza conceptos que además se presuponen como nuevos atractivos a la hora de proponer esta cooperación política: servir y no servirse, construir y no destruir, proponer y no imponer, bajar y no subir... En definitiva, mandar obedeciendo. Cuestiones que no deberían ser palabrería, sino que tienen que formalizarse y articularse. Existen ejemplos de cómo se puede gobernar de otra forma desde lo local que no están “ni en montañas lejanas ni en desiertos remotos”.





miércoles, 16 de julio de 2014

 


Lecturas para sudar
la camiseta

¿Saturados de los eventos deportivos veraniegos? Una serie de libros ayuda a plantear otras lecturas del deporte y sus protagonistas.


Jacobo Rivero
El relato deportivo raras veces se sale del patrón del jugador estrella, que ha abrazado el éxito en las competiciones, normalmente reflejado en libros alrededor de los tópicos habituales sobre la superación y el compromiso, con su equipo, con su país, con una nación. La mayoría de estos libros corresponden a un perfil parecido: deportista hombre, que gana millonadas, con perfil de superación competitivo que atiende a los lugares comunes de la reflexión políticamente neutra. Pero hay excepciones. Algunos libros han tratado de ir más allá de la anécdota o lo evidente, contarnos algo más, ya sea de un deporte o de un deportista, también de su entorno. El piloto de motos Valentino Rossi dijo una vez: “Si el deporte no existiera, el mundo sería más aburrido”. No somos pocos los que pensamos así, pero desgraciadamente pocas veces las narrativas deportivas han roto la frontera del discurso aburrido de glorificación. Aún así, en los últimos años despuntan otras formas de contar el deporte. Sea como fuere, aquí van cuatro lecturas recomendadas para hablar y acercarse al deporte desde un lugar distinto al habitual.




domingo, 26 de enero de 2014

'Moro'

Jacobo Rivero


Miguel Romero "Moro". Foto: Anticapitalistes.net
“¿Qué pasa chaval?”. Creo que Moro siempre nos saludó así. Fue a partir de 1989 que lo conocí, y han sido estos últimos (veinte) años en los que más lo he disfrutado. Miguel Romero era un sujeto político en sí mismo, no como referencia altiva, sino como ejemplo de seducción humana, en el mejor sentido del término. Hace unas semanas me lo encontré en la Plaza de Lavapiés. Los dolores era un tema de conversación que irremediablemente llevaba a otros: los libros, el Barça, su última visita a Roma, los cansancios, las ilusiones. Lo que no faltaba en la conversación era un recorrido por las conspiraciones políticas, en el sentido que propagó Radio Alicia es el Diablo a finales de la década de los setenta, como forma de “respirar colectivamente”. Así era siempre con Moro, también cuando le iba faltando el aire: Su reflexión inclusiva era el motivo de su discurso, de su gesto, de su saludo.

Así era siempre con Moro, también cuando le iba faltando el aire: Su reflexión inclusiva era el motivo de su discurso, de su gesto, de su saludo. Un argumento válido al hablar de los compañeros de viajes que se marchan o se tienen que marchar es señalar su “generosidad”. El concepto es complejo, toda vez que a veces se relaciona únicamente con los grados de implicación, discutibles en cuento al motivo y las percepciones. No es el caso. La “generosidad” de Moro era en buena parte por la pedagogía que transmitía su forma de ser y estar. También de replantearnos nuestro hacer, empezando por él mismo. “Si esto lo hubiéramos pensando hace... no sé... 35 años... nos habría ido mejor”, me comentó hace relativamente poco. No era un lamento, era una voluntad por saber mirar atrás sin mayor angustia que la de seguir avanzando, al fin y al cabo, el camino de la Revolución nadie dijo que fuese fácil. Mucho menos si se decide transitar, para suerte de los que le acompañan, despacito y con minúscula. La única forma, coincidíamos, de caminar seguros y con buen pie.



  

martes, 19 de junio de 2012





Viaje de vida y baloncesto

El periodista Jacobo Rivero presenta ‘El ritmo de la cancha’, un libro sobre deporte, vida y cómo hacer periodismo.

Berlín, Egipto, Filipinas, San Francisco, Venezuela, Vietnam, Manhattan... Si un libro siempre es un viaje hacia alguna o ninguna parte, El ritmo de la cancha (Clave Intelectual), la primera obra del periodista Jacobo Rivero, es un recorrido geográfico y temporal encerrado en un rectángulo. Un trayecto sobre un mapa humano que dibuja un espacio común sea en forma de cancha de baloncesto, escritorio de una redacción u oscuro escenario donde toca una banda. A través de este deporte, sin encerrarse en él, Jacobo enhebra 13 capítulos con ritmo propio y “coherente, como si se tratase de un disco, en concreto un disco de jazz”, explica el autor.

No es un tour por el baloncesto convencional, de puntos y rebotes, ni de nombres oxidados o estereotipos agotados. Es un libro de historias de todos los baloncestos y, sobre todo, de sus personajes. “Habla de personas que superaron dificultades por la mera voluntad de practicar algo que les produce diversión”, resume el autor. No es, por lo tanto, otra cosa que historias de vida, sensaciones y sentimientos comunes en mundos aparentemente disonantes, nacidas de la inquietud o de experiencias personales. ¿Qué ocurrió con el baloncesto en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936? ¿Cómo se vive este deporte en Palestina o Somalia? ¿Qué fue de Don Angelo Barksdale o Jim Carroll?